La Intervención


Cómo llevar al ser querido a tratamiento.

Intervenir a un adicto significa crearle una crisis emocional. Lograr que el enfermo llegue lo más rápidamente posible al “punto de crisis” y se decida a buscar ayuda antes de que la enfermedad siga progresando.
Por lo general si se le da rienda suelta al adicto, este punto de crisis no se llega a producir hasta que “toca fondo”.

Tocar fondo significa que llega a una situación limite en la que hasta el mismo consumo se le hace insostenible, debido a que ha agotado todos sus recursos, sociales, morales, económicos, físicos y mentales. Es inhumano dejar que una persona, que ya no es responsable de si mismo, se deteriore a tal extremo.

Incluso en esta etapa avanzada, cuando la negación esta destruida y el adicto llega a tener lucidez sobre su problema, es incapaz de salir solo del letargo, a menos que alguien le sugiera asistencia.

Pero para poder intervenir a un adicto es necesario provocar un ambiente que logre romperle la “negación”.

Como vemos en el apartado de “conociendo al adicto”, el síntoma distintivo de la enfermedad de la adicción es una peculiar forma de sentir y pensar de la persona afectada por el desequilibrio neuronal, que lo induce a una total negación de la realidad de su problema.

Estos arraigados y muy fuertes mecanismos de defensa, están apoyados en emociones alteradas y protegidos por los daños en la memoria, que la misma droga agrava cada vez más.

El adicto no puede ver claramente, que la responsable de todas las consecuencias adversas que esta sufriendo es su adicción. Más bien tiende a adjudicarle el problema, a la incomprensión de los que lo rodean, la culpa de todo el desastre que se ha vuelto su vida la tienen las circunstancias o los demás.

El adicto no percibe claramente la necesidad de dejar de consumir, o de ingresar a un centro de tratamiento. Cuando se le sugiere que busque algún tipo de ayuda, piensa que no la necesita y reacciona levantando sus defensas.

Para romper esta situación de letargo en que la enfermedad lo va depositando, hay que intervenirlo, y hacerle volver a la realidad.

Al adicto no puede pedírsele que apele a su fuerza de voluntad, ni que controle su consumo. Todas estas cosas están fuera de su alcance, porque ha perdido por completo su autodominio y su poder de determinación, aunque no lo pueda admitir.

La intervención efectiva es aquella que se realiza de forma programada, con conocimientos científicos sobre su problema, con humana comprensión hacia el estado alterado del enfermo, y con una sensitiva aceptación de su condición de ser humano.

La intervención efectiva, debe estar libre de enojos y resentimientos, y más bien llena de amor, comprensión e interés genuino de ayudar al enfermo a recuperar su condición de persona libre y digna.

¿Cuándo se debe hacer una intervención?

Preferiblemente debe evitarse que la persona este bajo los efectos de la droga. El momento óptimo, es después de una fuerte resaca moral, en la que se sienta verdaderamente culpable por las cosas que ha tenido que hacer para facilitarse su consumo.

¿En que lugar debe intervenirse?


Lo ideal es invitarlo a un sitio que no sea su propia casa, para evitar que tenga libertad de movimientos. El lugar óptimo es la casa de un familiar al que le tenga cierto respeto y que todavía no haya perdido su ascendencia sobre el enfermo.

¿Quiénes deben estar presentes?

Mientras mas personas importantes en la vida del adicto se puedan reunir, mejor.

La negación se ira rompiendo en la medida en que el va escuchando a una persona tras otra exponiendo los hechos y sentimientos que han ido alterando la paz de su relación.

Además de que tendrá un fuerte impacto sobre él, el hecho de que tantos amigos y familiares sientan lo mismo y hayan observado cosas similares.

No será fácil derrumbar la opinión de varias personas. Pero si algún miembro de la familia falta, es posible que el adicto asuma en su negación, que tal persona esta de su parte y eso debilite la intervención.

Este tipo de reunión puede incluir hasta a sus vecinos o íntimos amigos. Todo el que haya tenido una relación afectiva con el enfermo y  sea testigo de los cambios negativos que se han producido en su conducta, como resultado de su adicción, pueden formar parte de esta reunión, si quieren..

¿De que manera debe hacerse?

No se puede dejar nada a la suerte en una intervención. Todo tiene que estar previsto.

Aun el hecho de que en primera instancia el adicto se niegue a someterse a tratamiento, el haber escuchado a tantos interesados hablarle de su sufrimiento y del de ellos, ablandará su resistencia y hará que tarde o temprano busque ayuda.

Hay que ensayar la intervención primero. Evitar las palabras moralistas y despectivas. Aunque el propósito es lograr que la persona advierta la relación entre su adicción y los trastornos en su personalidad que le causa, y logre aceptar que necesita recluirse en un programa de recuperación, lo ultimo que debe mencionarse es la idea de recluirse en tratamiento, porque si se empieza a hablar de ello primero, el adicto se cerrara a todo lo demás, y sentirá mucho miedo.

Importante:

Cada uno de los miembros de la reunión, debe darse a la tarea de escribir todo lo negativo que ha observado en la conducta del adicto, cuando este estaba bajo la influencia de la droga.

Tiene que indicar el día, la fecha y los hechos más objetivos y concretos, que les sea posible recordar. Hay que hacerlo por escrito, porque la intervención estará cargada de mucha tensión y a veces se piensa que se podrá recordarlo todo, pero lo que visualizamos claramente el día de ayer, puede que hoy no lo sepamos expresar debidamente.

El papel escrito, evita que el adicto pueda discutir o inventar excusas, nos permite no desperdiciar el tiempo y saber a ciencia cierta lo próximo que le vamos a decir. Es importante que uno incluya las emociones que experimentó para sí mismo y por el familiar adicto: miedo, enojo, pena, vergüenza, compasión.

El tono de la amonestación, debe ser sereno y firme; sin drama, sin histeria, sin acusación. Es importante separar cuidadosamente en la mención de los hechos, a la persona real, de la que tiene su conducta afectada por el efecto de la droga.

Una vez el adicto admita todas estas cosas, el grupo tiene que estar preparado para empezar a insistir en el plan ideal. El plan ideal será siempre, que acepte un internamiento, ya que la adicción no puede superarse a menos que el individuo se aísle y trabaje sobre su personalidad, fuera de la influencia de su medio social y familiar.

Cuando al final de la exposición, se empiece a negociar con el adicto, deben tenerse preparadas varias opciones de tratamiento. Es posible que en primera instancia, el adicto prefiera un tratamiento semi-interno o ambulatorio. En tal caso debe pedírsele un favor a cambio de aceptar el plan presentado por el enfermo: que firme un contrato donde indique que si recae otra vez en la droga, aceptará un programa más intensivo. El fin es que en la primera intervención, debe tratar de conseguirse lo más que se pueda. Sin perder de vista que lo ideal es que el acepte el programa de internamiento residencial.

¿Y si el adicto rehúsa someterse a cualquier tipo de tratamiento?

En ese caso el grupo deberá darle un ultimátum al paciente y hacerle ver que no pueden seguir apoyando su enfermedad. Todos deben hacerle sentir que lo aman demasiado para seguir permitiendo que se deteriore en esa forma. El ultimátum deberá estar acompañado de ciertas restricciones.

Si la intervención no da el resultado esperado, la familia debe ser paciente. De todas maneras el encuentro ha servido para catalizar algunas emociones. Todos han cambiado durante el proceso de preparación y ya al menos saben como conseguir ayuda para sí mismos, independientemente de lo que haga el adicto.

Pero en el 85% de los casos este tipo de intervención da el resultado esperado, en el mismo momento, o al cabo de unos pocos días. Por eso es necesario establecer una meta para la intervención, arreglando de antemano, todas las posibles excusas que el adicto pueda tener para no someterse en el momento: deudas, trabajo, hijos, compromisos etc.

Para más información

Tel: 809.221.1413 o mande un email a ayuda@hogarcrea.net